CARTAS DE DESPEDIDA DE UN MATRIMONIO CONDENADO A MUERTE…

He terminado de leer un legajo de cartas profundamente impactantes. Todas fueron escritas por condenados a muerte por los nazis.
En marzo de 1938, tras meses de creciente presión y ataques a los edificios gubernamentales de Austria, el entonces canciller austríaco Kurt Schuschnigg anunciaba su renuncia públicamente en su último discurso por radio como líder del Gobierno. Sus últimas palabras fueron: “Dios salve a Austria”.
El nombre alemán de Austria, Österreich, pasó a ser Ostmark, y se puso fin al estado austriaco. Las tropas alemanas de la Wehrmacht entraron en Austria, y Adolf Hitler cruzó la frontera en dirección a su pueblo natal, Braunau am Inn. La población no opuso resistencia. Aplaudieron su entrada.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, historiadores, políticos y expertos en Austria se han planteado la misma pregunta: ¿fue la anexión de Austria a Alemania voluntaria o forzada?
Entre la pila de amarillentos papeles, he rescatado y decidido compartir tres cartas que escribieron, en el último momento de sus vidas, el matrimonio austríaco formado por Rudolf Fischer y su esposa Marie, que sin duda alguna, pertenecían a la innumerable multitud de ciudadanos que luchaban contra Hitler.


Rudolf, de 37 años era vigilante en una fábrica. Socialista hasta 1934, se afilió luego al Partido Comunista Austríaco. Marie, dedicada como muchas mujeres de la época a “sus labores”, colaboraba con su marido en su actividad política.
Arrestados por la Gestapo, fueron encarcelados, horriblemente torturados, condenados a muerte y finalmente, decapitados.
Notificada la fecha de la pena de muerte de Rudolf, Marie le escribe la última carta en la víspera de la ejecución…
“Mi querido, mi único Rudi:
¡Siempre estoy contigo! Tendría tanto que decirte, tanto que darte. Tú lo eras todo para nosotros, toda nuestra felicidad. Tú y Erika. Erika y tú erais y sois la época más feliz de mi vida. Nos hemos entregado el uno al otro en todo y por todo… Sé también valiente, querido Rudi, tómalo todo como venga.
Te abraza y te besa en el corazón, con inamovible amor y con fe en el futuro, tu Mitzi”.
Rudolf, escribe la última carta a su hija…
“Querida Erika, cuando pienso en ti, te veo ante mi en el claro sol estival, así como te he visto en nuestros innumerables paseos. Querida chiquilla, florecerá para ti todavía tanta felicidad… No tengas nostalgia del pasado. Lo que fue no volverá nunca más. Mirar hacia atrás no tiene sentido, y no hace más que paralizar tus fuerzas. ¡Mira hacia arriba y avanza! Haz siempre lo que creas justo, no te dejes persuadir en contra de tus profundas convicciones para realizar actos que consideres equivocados. Haz siempre y pronto lo que consideres necesario, sin vacilaciones, sin preguntar nada. Todas las vacilaciones se pagan.


Mantente siempre con tus pensamientos en el presente, no te pierdas en sueños. Por muy útil y preciosa que sea la fantasía, tener demasiada significa verse obstaculizado en la realidad de los propios pensamientos, verse abocado a un callejón sin salida. ¡Querida jorobadita! El sentido de la vida ¡es vivir! Vivir lo mejor posible. El significado ulterior debes darlo tú misma a tu propia vida.
Créeme: Quien vive solo para sí, quien sólo busca la propia felicidad, no vive bien, ni tampoco vive feliz. El hombre necesita algo superior a los límites del propio yo, algo más, que esté por encima de su yo. “Nosotros” es más que “yo”.
Cuando adviertas que has obrado mal con alguien, no te avergüences de hacer todo lo posible para remediarlo. Mira, ésto es lo que importa: estar siempre dispuesto a aprender, a reconocer los propios errores y, lo que es aún más importante, ¡a combatirlos!
Así pues, sé fuerte, no desesperes, soporta con valor lo inevitable, y no olvides tu querida, querida sonrisa. Te saluda, te da un beso y te abraza con todo su amor, tu papá. Rudi”.
Y, la última carta de Marie a su hija…
“Mi pequeña y querida Erika, ¡ha sucedido! Siento mucho que hayas llorado cuando han pronunciado mi sentencia. Nuestros días están contados, y no quiero hacerlos más duros de lo que ya son. Después de todo, no es tan importante vivir unos días más o menos. He seguido a mi marido y continuaré siguiéndolo. Es el camino de Rudi y de tantos otros. Sé valiente y mantente firme. Te besa y te abraza, tu madre.
No hay más palabras.

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