¿Quién fue LA PRIMERA COTILLA de la historia?

Si acudimos a la real Academia de la Lengua Española, nos dice al respecto:
1. Ajustador que usaban las mujeres, formado de lienzo o seda y de ballenas.
2. Persona amiga de chismes y cuentos.
Quien inspiró el término, tal como lo utilizamos ahora, fue una mujer cuyo nombre era María de la Trinidad, muy conocida en los barrios bajos madrileños como la Tía Cotilla, probablemente por ser fiel al uso de tal prenda…
Tristemente, quedó inmortalizada en el bestiario de personajes populares del madrileñismo criminal tras su ejecución pública, el 25 de Mayo de 1838. ¿Por qué?
Los hechos que la inmortalizaron, tuvieron lugar en el barrio de las Maravillas, hoy Malasaña, en la minoría de edad de Isabel II y la regencia de María Cristina, durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840).
La Milicia Nacional, que era la baza por excelencia de los liberales, se levanta contra el moderantismo de José María Queipo de Llano, Conde de Toreno y presidente del Consejo de Ministros.
Se formaron Juntas Provinciales Revolucionarias en Cádiz, cuna de la insurrección, Barcelona, Valencia, Zaragoza o Madrid. Aquí, el levantamiento no tuvo mucho apoyo popular.
En el entorno de la Plaza Mayor, se formaron barricadas al grito de ¡Viva la libertad, vivan las juntas! el 15 de marzo de 1835, pero la Milicia fue desarmada por la Guardia Real.
Entonces se levantó la población carlista de Maravillas, sorprendentemente numerosa, al grito de ¡Viva don Carlos!
Según Francisco Morales Sánchez en su Historia del Saladero (la cárcel de la Villa), al frente de los carlistas y blandiendo una gran navaja iba María de la Trinidad, ya con más de sesenta años, “la mujer más inmoral que ha visto el sol, y la más infame e indigna de vivir en sociedad.”
La brava anciana se vio implicada en el asesinato de un miliciano llamado Francisco Racera, de cuya sangre se ungió los brazos.
Al parecer, pintó con aquella sangre un muro cercano y dijo a sus seguidores: “con estos cuadros he de adornar mi casa”.
Detenida por los hechos, la Tía Cotilla fue juzgada y condenada, siendo finalmente ejecutada en el garrote vil, el viernes 25 de mayo de 1838, junto a otros insurrectos.
Antonio de Trueba, en “Madrid por Fuera” cuenta como camino del patíbulo, se paró María en plena calle Toledo, “empeñada en que una hija suya, casada con un honradísimo zapatero que tenía allí su establecimiento, saliese a darle un último vaso de vino”.
El Correo Nacional la describía como una pobre mujer, abatida en la capilla donde esperaban el ajusticiamiento, con la cabeza ida durante las 48 horas previas a la ejecución.
“Su cuerpo es mísero, el rostro casi negro y lleno de arrugas, los ojos son grises y brillan como tizones. Un traje viejo de tela de algodón oscura y una mala pañoleta la tapan apenas.
Está acurrucada encima del colchón que le sirve de lecho, y a su lado un joven sacerdote le prodiga los auxilios de la religión y la exhorta al arrepentimiento. Las ideas de la desgraciada son tan descosidas y tan desordenadas que parece haber perdido el uso de la razón.
Llora, se enfurece y se calma, roza y blasfema casi a un tiempo. De vez en cuando parece dispuesta a ceder a las exhortaciones de su confesor; pero apenas se ha arrodillado cuando otra vez se levanta y, hundiendo sus dedos sarmentosos en el pelo, grita con acento de rabia: “No, jamás perdonaré a mis enemigos».
Aunque las fuentes escritas nos dejan el retrato de un ser despreciable, lo cierto es que no debía haber tanta unanimidad entre el pueblo acerca de la Cotilla, tal y como le confesaría al viajero Dembowski, una mujer el día que subió al cadalso :
“Esa que veis, señor, es una gran mujer, de las que no se ven”.
Lo que unos describen como desvaríos y tozudez -sus negativas a arrepentirse de las culpas-, otros lo valoraban como muestra de integridad y valentía.
En cualquier caso, aquella “Cotilla”, fue mucho más que chismosa…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *