TRANSATLÁNTICOS “HERMANOS” FAMOSOS, con distinta SUERTE.

Pocas personas habrá que no hayan visto la famosa película, o que no hayan oído todo tipo de historias sobre el trasatlántico TITANIC y su proverbial mala suerte, que desembocó en una de las tragedias navales con más victimas.
Conspiranoias sobre su hundimiento incluidas.

Pero hoy, no pocos de quienes lean éste artículo, descubrirán que tenía dos “hermanos de astillero” que tuvieron – CASI- la misma “mala suerte”.

La Compañía de Navegación Oceánica a Vapor, mejor conocida como White Star Line, fue una importante compañía naviera británica, propiedad del famoso empresario y banquero J.P.Morgan, dedicada al transporte de pasajeros y carga durante los siglos XIX y XX.

Para poder competir con su mayor rival, La Cunard Line, propietaria de dos trasatlánticos veloces (el Lusitania y el Mauretania), la White Star ordenó la construcción de un trío de ases, la clase Olympic, que estaría formada por los elegantes OLYMPIC, TITANIC Y GIGANTIC, al que, tras la tragedia del Titanic, decidieron renombrar como BRITANNIC.

Su diseño y construcción, que incorporaban las más avanzadas tecnologías disponibles en aquella época, fue encargada a los ingenieros navales Alexander Carlisle y Thomas Andrews. Los tres nuevos barcos, además, superarían en 30 metros la eslora de sus rivales.

Pese a todo el glamour prometido por los constructores, podemos decir, sin temor a exagerar que, de los tres hermanos, solo el “Viejo Fiable” (así llamaban al Olympic), fue guiado por “buena estrella”. Veamos:

El OLYMPIC, fue construido en el astillero de Harland y Wolff, siendo iniciada su armadura el 16 de diciembre de 1908, con el número de construcción 400. Fue botado al mar el 20 de octubre de 1910, HACE AHORA 110 AÑOS.
Su primer capitán fue Eduard Smith, quien lo comandó desde junio de 1911 hasta el 30 de marzo de 1912, para asumir el mando del Titanic, tanto en las pruebas de mar como en su viaje inaugural y mortal.

El 20 de septiembre de 1911, cuando se disponía a realizar su sexta travesía, tuvo un importante incidente con un buque de guerra británico, el HMS Hawke, que navegaba bajo el mando del comandante W.F. Blunt.
El Hawk, fuertemente atraído por la succión generada por el trasatlántico, golpeó el casco del Olympic por el lado de estribor, abriendo un gran agujero en la zona de los camarotes de tercera clase y dañando el eje de una hélice. No hubo heridos.

White Star Line, tuvo que asumir inmensos gastos de rehabilitación del barco, porque el seguro consideró que eran culpables del accidente y no hizo frente al siniestro.

Desde su reincorporación al servicio comercial en 1913, y tras otros incidentes de pequeña importancia, el Olympic experimentó un breve período de tranquilidad y prosperidad hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, en agosto de 1914.
Durante los primeros meses de la guerra, permaneció en el servicio civil, transportando pasajeros norteamericanos de vuelta a casa, huyendo de los horrores del conflicto que asolaba Europa.

Como medida preventiva para evitar ser detectado por submarinos y buques de guerra, su casco fue pintado en color gris y las chimeneas en color negro, se cerraron los ojos de buey y se desactivó el sistema de alumbrado que iluminaba la cubierta de botes.

En octubre de 1914, durante su último viaje como navío de pasajeros, rescató a los tripulantes del HMS Audacius, un barco de guerra británico hundido por el choque de una mina.

En mayo de 1915 fue requisado por la Royal Navy, renombrado como HMT (His Majesty’s Troopship) Olympic, pintado de nuevo con camuflaje antisubmarino y dedicado exclusivamente al transporte de tropas.

El 12 de mayo de 1918, en un hecho insólito para la historia naval, consiguió hundir al submarino alemán SM U-103, que lo había atacado, infructuosamente, lanzándole un torpedo. Al comprobar el fallo, emergió con la idea de atacar el buque a cañón, pero el capitán del Olympic, Sir Bertram Hayes, consiguió maniobrar, embistió y hundió al submarino.
Sorprendentemente, sobrevivió a 4 ataques submarinos.

Terminada la guerra en noviembre de 1918, regresó a Belfast para su restauración y volvió al servicio comercial en 1920. Un año después, el Olympic batió su mayor récord , transportando en un viaje 38.000 pasajeros.

Durante la década conocida como los Felices años 20, continuó siendo muy popular, uno de sus atractivos era el hecho de ser casi idéntico al Titanic. Muchos pasajeros viajaban en el buque como una forma macabra de experimentar, de forma indirecta, la sensación de cómo hubiera sido viajar a bordo del malogrado trasatlántico.

Tiempo después, algunas personalidades no perdieron la oportunidad de viajar en él: Federico García Lorca, Charles Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks, Eduardo VIII de Inglaterra siendo aún príncipe de Gales, entre otros.

En los últimos años de su carrera, el Olympic tuvo un nuevo incidente grave, el 15 de mayo de 1934, debido a la niebla existente, colisionó con el buque faro Nantucket LV-117, matando a siete de sus once tripulantes.

Tal vez por eso, en marzo ese mismo año, tras veinticuatro de carrera, el Olympic realizó su último viaje hacia Nueva York, antes de ser retirado definitivamente del servicio como buque de pasajeros en la ruta del Atlántico Norte.
Solo unos meses después, en octubre de 1935, fue vendido por 100.000 libras esterlinas a Sir John Jarvis para ser desguazado en Jarrow, Nueva Inglaterra.
Una gran multitud de personas esperaba su llegada para recibirlo.

Durante un período de casi dos semanas, el barco fue abierto al público por última vez, siendo visitado por miles de personas. El trillizo bueno, había concluido su historia.

Sobre el tercero en concordia, el BRITANNIC, Podemos comentar que se unió en 1915 al Olympic en la Armada Real británica – fue requisado en 1914- como barco hospital, previsto para servir en la batalla de Galípoli.
Para poder llevar a cabo su misión, pintaron la embarcación de blanco, le dibujaron tres cruces rojas en cada lado y una línea verde que iba de proa a popa.

Así, el recién renombrado Barco Hospital de Su Majestad partió de Southampton, en la costa sur de Inglaterra, hacia el Mediterráneo.
Iba en ruta a recoger a unos 3.000 soldados enfermos y heridos cuando un estallido junto a la proa lo paró en seco.
Apenas tardó 55 minutos en hundirse en el canal de Kea, frente a la isla griega de mismo nombre; tres veces menos del tiempo que había necesitado el Titanic cuatro años atrás.
El naufragio se saldó con la muerte de 30 del total de 1.125 tripulantes. Aún sigue viva la controversia sobre cual fue el motivo de su hundimiento.
Para elevar a la categoria de MISTERIO -una vez más- lo que sucedió con éstos tres gigantes navales, entre los supervivientes de este naufragio se encontraba Violet Jessop, una azafata nacida en Argentina, hija de emigrantes irlandeses y que también había salido ilesa de la tragedia del Titanic.

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