RONCAR O NO RONCAR, ESE ES EL PROBLEMA…

Al caer la noche, en todos los hogares del mundo, según la Asociación Americana del Sueño y el Instituto Europeo del Sueño, cerca de un apabullante 40% de los adultos, ronca mientras duerme.
Más del 60% de los hombres españoles lo hace, siempre.

¿Se puede evitar?

Roncar es un problema que puede provocar serias consecuencias para la salud física (cansancio, hipertensión, problemas cardíacos, dolor de cabeza) y mental (estrés, pérdida de memoria, irritabilidad) que acaban deteriorando de forma considerable la calidad de vida de quien ronca y de quienes le escuchan roncar.

Cambios en la posición para dormir, tiritas para la nariz, gorros especiales, dispositivos de avance mandibular intrabucales y extrabucales, máquinas de presión positiva en las vías aéreas(CPAP) y, en los casos más graves, cirugía, son los métodos más comunes para corregir o paliar esta afección.

Cualquier método, si es alcanzable para la economía, es considerado con tal de no sentir las miradas rencorosas de nuestros seres queridos, máxime ahora que sabemos por la publicación de recientes estadísticas al respecto, que éste evento involuntario es UNA DE LAS CAUSAS MÁS FRECUENTES DE DIVORCIO en el mundo. Tal cual.

Ya sé que que mal de muchos, es consuelo de tontos…
Pero creo que para los “roncadores/as” del mundo puede ser un alivio, además de una curiosidad interesante, saber que no sólo los plebeyos y anónimos roncan, sino que hay documentación histórica – hasta ese punto es importante el asunto- que nos detalla como algunos hombres sufrían y hacían sufrir éste calvario nocturno, veamos:

Catón El Viejo. Estadista Romano. Famoso también por ser quien dio nombre a los antiguos libros de texto, los “Catones”.
Escribió, en otro contexto, una frase que viene muy bien para el artículo de hoy: “A nadie perjudicó el haber guardado silencio”.

Marco Otón. Curioso y tétrico personaje. Emperador Romano durante tres meses, en el año de los cuatro emperadores, que fue capaz de “ceder” a su esposa Popea a Nerón, al que luego sustituyó por tan breve tiempo en el “Trono” de Roma.

Plutarco. Historiador, biógrafo, y filósofo moralista griego. Mucho menos conocido por su función de Sumo Sacerdote de Apolo en el Oráculo de Delfos, responsable de “certificar” los augurios de la Pitonisa.

 

Beau Brummel. Ejemplo de caballero, dandy y jugador inglés.
El primer “Personal Shopper” famoso. Para muchos de nosotros es automático: oír (o leer) “Brummel” y recordar el olor de la colonia de la marca Puig, lanzada en 1975 – hace ya 45 años- que lleva dicho nombre.
Y es que… “en las distancias cortas, es donde una colonia de hombres se la juega”.

Jorge II Rey de Inglaterra. El último monarca británico nacido fuera de Gran Bretaña. Era natural de Alemania. No pocos historiadores lo vieron con desdén, haciendo especial hincapié en sus amantes, su carácter explosivo y su grosería.

Abraham Lincoln. Presidente de los Estados Unidos de América. Muchas personas aseguran que el espíritu de Abraham Lincoln aún recorre los pasillos de la Casa Blanca.
Sin embargo, hay una perspectiva aún más oscura de él, según algunos investigadores, tomaba sus decisiones basándose en consejos recibidos desde el más allá, en sesiones de espiritismo.

Benito Mussolini. Dictador de Italia. Durante más de una década, militó en orientaciones marxistas para luego volverse intervencionista y combatiente y después fascista libertario. Llegó a tener más de 600 amantes a lo largo de su vida. Él mismo alardeaba de acostarse con hasta cuatro mujeres al día. Era adicto al sexo violento. Cuando su virilidad se vio mermada, recurrió a la cocaína y a un afrodisíaco, precursor de la Viagra, ofrecido por Hitler.

Quién nos iba a decir que hombres tan poderosos de todos los tiempos, tenían los mismos problemas que cada hijo de vecino…

Claro, que si no queremos engrosar ésta lista de famosos “roncadoras/es”, pero ya hemos probado todas las técnicas antes mencionadas que nuestra economía nos permite, siempre podemos aferrarnos a la última proposición de los doctores norteamericanos Mike Dilkes y Alexander Adams, que nos aconsejan unos ejercicios para fortalecer la musculatura responsable de la mala respiración.

Según ellos, bastan solo cinco minutos para llevar a cabo la técnica “milagrosa”, poco antes de ir a la cama. Mantienen que si se hace diariamente, el problema desaparece.
Estos son los tres simples pasos que hay que efectuar:
1. Comienza abriendo la boca al máximo y estira la lengua todo lo que puedas.
2. Mueve la lengua de lado a lado y de arriba a abajo, trazando cruces.
3. Tararea mientras tanto con fuerza tu canción favorita.

Dejar de roncar, no sé si se logrará, pero unas risas estarán garantizadas, antes de dormir.
Ahora que lo pienso, “alterarse” antes de conciliar el sueño, según los expertos ¡tampoco es buena idea!
¡Ésto puede ser el cuento de nunca acabar!

Es una verdadera lástima no poder asumir en la actualidad el ronquido, como el ideal de éxtasis de Gustavo Adolfo Bécquer, que decía:
“Qué hermoso es cuando hay sueño/ dormir bien…/ y roncar como un sochantre…” (LXVII, Rimas y Leyendas).

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