¿ALGUNA VEZ HAS PENSADO EN CÓMO QUEDA LA TIERRA TRAS UNA EXPLOSIÓN NUCLEAR SUBTERRÁNEA?

Hace 35 años, el 9 de Octubre de 1985, a 371 metros bajo tierra, concretamente en el área U12n.20 del sitio de pruebas atómicas de Nevada, localizado aproximadamente a unos 100 km al noroeste de la ciudad de Las Vegas, Estados Unidos detonó a las 12:40, su bomba atómica “Mill Yard” de 0,075 kilotones de potencia.

Menos de una hora más tarde, a las 15:20 horas, detona la siguiente, llamada “Diamond Beech” de 2,5 kilotones.
No eran una excepción experimental.

Estados Unidos detonó entre 1945 y 1992 , la friolera de 1.129 bombas y éstas en concreto, hacían los números 1035 y 1036, respectivamente.

Aunque pueda parecer una absoluta locura, este delirio solo lo paró el miedo a que otras naciones pudieran acceder al mismo poder, como de hecho accedieron, y se descontrolara…

Paró TAN TARDE como el 10 de septiembre de 1996, cuando se alcanza el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, que vincula a los países firmantes y prohíbe la realización de ensayos nucleares de todo tipo: atmosféricos, estratosféricos, marinos y subterráneos.

Sí, de todos ellos ha habido, y no pocos.

Actualmente, algunos países, como Irán o Corea, continúan haciendo ensayos y pruebas y pasean en desfiles ojivas nucleares, pero -afortunadamente- son estrechamente vigilados por la comunidad internacional, que presiona para que abandonen sus programas armamentísticos.

Conozcamos un poco más de la “especialidad” subterránea.
El emplazamiento de la prueba es clave. Debe ser elegido después de una cuidadosa investigación geológica para asegurar su idoneidad y, obviamente, como norma se eligen lugares alejados de los centros poblados.

El dispositivo nuclear se deposita en el fondo de un túnel horadado bajo la superficie terrestre a una profundidad que varía entre los 200 y 800 metros, respetando un amplio margen de seguridad en la zona colindante.

Una vez alojado el dispositivo, se desliza también dentro del pozo una sonda de diagnóstico con equipo de seguimiento y monitoreo que registrará los datos de la prueba.
A continuación, se obtura la cavidad con gravilla, arena, yeso y otros materiales a fin de contener la radioactividad que será liberada bajo tierra.

Y, finalmente, desde un búnker situado en la superficie, se detona por control remoto el dispositivo nuclear, activando la explosión que libera toda la energía programada, vaporizando literalmente las rocas y creando una enorme caverna subterránea, mientras genera terremotos de distinta intensidad y alcance, dependiendo de la potencia del dispositivo nuclear.

Las rocas, licuadas por la explosión, al enfriarse se van sedimentando en el fondo de la cámara subterránea.
Minutos u horas más tarde la presión dentro de la cavidad de la prueba desciende y provoca el colapso de la cámara, que se derrumba sobre sí misma, dando lugar a la inmediata aparición de un cráter en la superficie terrestre.
Es la firma de una explosión nuclear subterránea.

Tal como se ve en el vídeo que adjunto… (Clicar sobre la foto al pie de página para ver la grabación real).

Las explosiones subterráneas, al parecer, se convirtieron en las favoritas de todos los países que experimentaron con las bombas nucleares, porque supuestamente demostraron ser el método más seguro desde el punto de vista medioambiental, en comparación con las pruebas realizadas en el mar, en la atmósfera o en la estratosfera.

La explosión atómica subterránea más poderosa de la historia fue llevada a cabo por el Ejército estadounidense en 1971 en la deshabitada isla de Amchitka, perteneciente al archipiélago de las Aleutianas, en Alaska.
En aquella ocasión, utilizaron una bomba termonuclear de cinco megatones, para estudiar los efectos sísmicos de un posible ataque similar. Esta explosión provocó un terremoto de magnitud 6,8 y elevó el nivel del suelo cinco metros. También provocó deslizamientos de tierra a lo largo de la costa de la isla, desplazando placas tectónicas en un área de 300 kilómetros cuadrados.
Un verdadero horror.

Algunos investigadores, tanto ortodoxos como heterodoxos, oficialistas y/o conspiranoicos, sostienen que algunos de esos enormes hoyos, si son consolidados convenientemente, podrían albergar ciudades de dimensiones considerables… ¿Tecnológicamente entonces, llevamos preparados decenas de años para la ocupación de, al menos una porción artificial de “Tierra Hueca”?

Todo ésto es bastante inquietante.

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